Cita Blogosférica del día


Leido en El Daño de Lüzbel

El horror de quien actúa en nombre de un Dios

Lo expresa perfectamente Pérez-Reverte en “Limpieza de Sangre”, segundo libro de la serie del Capitán Alatriste, al relatar uno de sus protagonistas su terrible paso por las cárceles secretas de Toledo pertenecientes al Santo Oficio (la Inquisición, vamos):

 “No había piedad en ellos, ni siquiera esos ápices de humanidad que a veces uno vislumbra incluso en los más desalmados. Frailes, juez, escribano y verdugos se comportaban con una frialdad y un distanciamiento tan rigurosos que era precisamente lo que más pavor producía; más, incluso, que el sufrimiento que eran capaces de infligir: la helada determinación de quien se sabe respaldado por leyes divinas y humanas, y en ningún momento pone en duda la licitud de lo que hace. Después, con el tiempo, aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores siempre son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen amparándose en la autoridad de otros, en la subordinación o en el pretexto de las órdenes recibidas. Y si terribles son quienes dicen actuar en nombre de una autoridad, una jerarquía o una patria, mucho peores son quienes se estiman justificados por cualquier dios. Puestos a elegir con quien habérselas a la hora, a veces insoslayable, de tratar con gente que hace el mal, preferí siempre a aquellos capaces de no acogerse más que a su propia responsabilidad. Porque en las cárceles secretas de Toledo pude aprender, casi a costa de mi vida, que nada hay más despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila. Muy malo es eso. En especial, cuando viene parejo con la ignorancia, la superstición, la estupidez o el poder; que a menudo se dan juntos. Y aún resulta peor cuando se actúa como exégeta de una sola palabra, sea del Talmud, la Biblia, el Alcorán o cualquier otro escrito o por escribir. No soy amigo de dar consejos –a nadie lo acuchillan en cabeza ajena-, más ahí va uno de barato: desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.”

La Inquisición ya no tortura ni mata, como sí hacía en aquella terrible época (la época del Imperio Español). Pero siguen siendo los mas peligrosos todos aquellos que se creen instrumentos de su dios y que nunca dudan de lo que hacen. Sea su dios el católico, el protestante, el judaico, el musulmán o el económico…

Reitero por ello el necesario consejo final del texto: hay que desconfiar de quien es lector de un solo libro, llámese éste Biblia, Corán, Torá, El Capital o Camino de Servidumbre…

No le quitaria ni una coma.

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